Koopman lo volvió a hacer

Crítica del concierto de Jueves Santo de la Semana de Música Religiosa (SMR) de Cuenca

Ton Koompan- Amsterdam Baroque Orquestra-© Santiago Torralba

El Jueves Santo nos tenía preparado la segunda gran apuesta de la 57 edición de las Semanas de Música Religiosa: la Pasión según San Juan de Johann Sebastian Bach en manos de Ton Koopman y su The Amsternam Baroque Orchestra&Choir. Koopman ha sido un habitual de nuestras Semanas. Lo hemos visto años anteriores al frente de las dos Pasiones y como organista en un concierto extraordinario en la Catedral. Es un valor seguro, un sabio en toda la obra del Kantor de Leipzig y un avanzado en la forma de abordar su música. Ayer volvió a realizar una imponente interpretación, a pesar de que las circunstancias no fueron las mejores.

EL PROBLEMA

El concierto comenzó con casi media hora de retraso porque el avión que debía traer la agrupación a Madrid se retrasó dos horas. La tensión que genera un contratiempo de estas características puede tirar abajo todo lo programado e imposibilitar el concierto en sí. Un músico no llega a un sitio y toca mecánicamente –menos aún una agrupación numerosa— sino que requiere una aclimatación, tomas de sonido para conocer las características de la sala y una afinación controlada y asentada en estos delicados instrumentos originales. Nada de eso hubo, por lo que el inicio del concierto estuvo plagado de dudas y descoordinaciones, muy apreciables en el coro inicial «Herr, unser Herrscher».

LA RECUPERACIÓN

El problema de inicio se fue disipando poco a poco cuando la agrupación se fue adaptando a la precipitada situación. A partir de ahí Koopman lo volvió a hacer. Dio un recital de cómo se interpreta la música de Bach. Su visión sobre las pasiones es muy diferente a las de Minkowski. El francés siempre busca exprimir todos los aspectos dramáticos del texto y la música, es teatral e intenso. El neerlandés, por el contrario, es  introspectivo y sereno. Su pasión según San Juan mira hacia dentro pero se muestra desgarradora por su honda espiritualidad.
Otro aspecto que me llamó mucho la atención es la explotación tímbrica que consiguió. La tiorba sonó mucho más presente que en otras versiones y los colores orquestales parecían infinitamente variados. Hubo momentos gloriosos y extasiantes, como el aria de las violas d´amore «Erwäge wie sein blutgefärbter», con el continuo reducido a la viola da gamba, la tiorba y un imperceptible órgano positivo, o «Es ist vollbracht!», donde el sobrecogedor solo de la viola da gamba llenó con su tenue voz todo el auditorio.

El cuarteto solista vocal rayó la excelencia, con un Tilman Lichdi muy solvente en el papel de evangelista y en los momentos líricos que tuvo que abordar.  Tanto Yetzabel Arias como Maarten Engeltijes y Klaus Mertens respondieron con una gran hacer estilístico cada momento de responsabilidad .

En resumidas cuentas, Koopman ofreció lo que sabe: un Bach perfecto, hondo y comunicativo.

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